Maracana-1950

15 de noviembre de 2006

El partido de las amenazas

Hay cosas que sólo pueden pasar en el fútbol argentino. Desde fuera parecen anécdotas simpáticas, y lo relacionamos con la pasión desbordante con la que viven este deporte. Supongo que allí no les hará tanta gracia.

De vacaciones en ese inolvidable país, procuré estar al tanto de todo lo que sucedía. Cuando podía, en el desayuno o por la noche en el hotel en que estuviéramos esa jornada, veía las noticias. Un día escuché que se había suspendido en el descanso un partido del torneo de Apertura. Era el Gimnasia y Esgrima La Plata – Boca Juniors. Éstos últimos iban disparados en la clasificación. Pero en el entretiempo ganaba Gimnasia, que era el equipo local, por uno a cero. Su presidente, Juan José Muñoz, debió de ponerse muy nervioso al ver que iba venciendo su equipo, porque después de hablar con el árbitro, Daniel Giménez, éste decidió suspender la segunda parte por amenazas.

Después el Boca perdió un poco de la ventaja que llevaba sobre sus rivales más directos, que eran el River Plate y el Estudiantes, éste último también de La Plata, enemigo histórico de Gimnasia, con quien tiene, como sucede siempre en el fútbol argentino, miles de deudas pendientes de dejarse ganar o incentivar a rivales para perjudicar al vecino.

Hace unos días se ha jugado el segundo tiempo que quedó pendiente aquel día. Se dice que los barras bravas (hinchas radicales) del Gimnasia amenazaron a sus propios jugadores, imponiéndoles que debían dejarse perder, para beneficiar al Boca y por tanto perjudicar al Estudiantes. Resultado final, uno a cuatro para los del barrio de Buenos Aires.

Yo pienso que hay que diferenciar entre vivir al máximo el fútbol (eso incluye para mí desear la derrota del rival), y entrar en temas de amenazas. Por mucho que sean nuestros hermanos argentinos. Eso ya no tiene ninguna gracia.