Maracana-1950

1 de febrero de 2008

Balonmano y tenis


Quiero destacar dos competiciones deportivas que han acaparado la atención de los aficionados durante los últimos quince días. Por un lado, el europeo de Noruega de balonmano, donde los nuestros anduvieron flojos de principio a fin. La derrota tan clara del primer día ante Hungría, que quisimos achacar a los nervios iniciales, y a la ausencia de un portero de garantías (Sierra estuvo mal), en realidad nos enseñó el camino que nos quedaba por sufrir. Finalmente sólo se hizo un gran partido, ante Alemania. El resto, con Hombrados luciéndose y llegando a porcentajes muy altos de acierto, fue un querer y no poder. Las dos derrotas por un solo gol, en finales mal jugados, hicieron mucho daño y nos dejaron sin opciones. La trayectoria de Pastor al frente de la selección, por tanto, lleva una curva descendente que empieza a preocupar. Tomó a un equipo que no funcionaba (la trayectoria de Argilés al frente de la selección sólo puede calificarse como mala), y fue capaz de invertir esa situación, dirigiendo magistralmente a los nuestros hacia el hito histórico que supuso el oro de Túnez. En el europeo siguiente se mantuvo el nivel, y sólo una Francia en estado de gracia privó a los nuestros de repetir el metal más preciado. En Alemania ya no fue lo mismo, aunque el robo perpetrado por los anfitriones oscureciera los síntomas decadentes. Ahora no hay duda, hay que revitalizar al equipo de nuevo. Con esto no quiero decir que Pastor deba irse, porque los méritos acumulados le dan crédito, pero sí toca reflexionar entre todos, estudiar las carencias y volver a la buena senda. Además, hay que hacerlo rápido, porque quedarnos sin balonmano en las olimpiadas sería muy duro.
El campeonato se lo llevó Dinamarca, lo cual supone una sorpresa, porque aunque los nórdicos tengan buen nivel, no suelen estar tan arriba. Croacia le ganó a Francia lo que parecía la final anticipada, pero luego el cansancio y la excesiva dependencia de Balic les hizo morder el polvo en el momento decisivo.

Por otro lado, el Open de Australia. La participación española, en general, ha sido buena. Uno en semifinales, y dos en cuartos, es un buen bagaje. Sin olvidar a Ferrero, que por momentos recordó al gran jugador que fue, ya hace algún tiempo. David Ferrer sigue a un nivel altísimo, que es el máximo que puede ofrecer, y que le llega para competir con los mejores. Pero quiero detenerme en Nadal: de un tiempo a esta parte, el manacorí ha perdido su esencia, aquello que le diferenciaba del resto y que le convertía en un ídolo para tanta gente. Pocos deportistas han despertado en mí tal admiración. Sin embargo, en los últimos meses ha sufrido derrotas muy claras, en partidos en los que no ha mostrado esa capacidad de reacción que tanto le caracterizaba. Me da pena que, víctima de esos problemas físicos que tanto daño le están infligiendo, nos privemos de disfrutar de ese tipo que, con dos sets en contra, conseguía que nadie se levantara del sillón, porque las probabilidades de remontada eran altas. Ahora, cuando los partidos se ponen difíciles, no vemos a ese Nadal. Supongo que le han aconsejado, casi obligado, a que “tire” los partidos que vea muy complicados. Forzar puede suponer acortar su carrera. Tiene que dosificar, si quiere continuar jugando muchos años. Hace bien Nadal, pero ya no es lo mismo. Supongo que a él, con el carácter que tiene, tampoco le hará ninguna gracia.
Otro mal síntoma: para la eliminatoria de Copa Davis, en Perú, no viaja Nadal. Ferrero tampoco ha querido ir. Debo decir que nunca me ha gustado que los tenistas se borren a veces, y que luego vuelvan al equipo cuando les venga en gana. Tampoco creo que eso le gustara a Nadal cuando era un chaval y veía los partidos de la Copa Davis en la tele. Así que, también ahí, me inclino a sospechar que le han aconsejado. Pero debe tener cuidado: no es la primera vez que dice no al equipo nacional, y sus últimas declaraciones no han sido afortunadas. Lo cierto es que, al menos para mí, Nadal se ha bajado del pedestal.
Djokovic le dio una alegría a todos los serbios alzándose con el primer Grand Slam de su carrera. No será el último, y me atrevo a pronosticar que este mismo año jugará alguna final más. El rival, Tsonga, ha jugado a un nivel hasta ahora desconocido en él. Es curioso lo que sucede en el tenis, y en algún otro deporte, como el ciclismo, en los que en momentos concretos se alcanzan puntos de forma a los que luego es casi imposible volver. Al francés, en la final, le sobraron los nervios, que le llevaron a fallar más de la cuenta.

1 Comments:

At 19 febrero, 2008 15:15, Blogger Juan Carlos said...

Despues de la fácil eliminatoria en Perú, parece que Nadal ha declarado querer jugar en Alemania. Lo mismo le pasa a Ferrer. ¿qué hacemos? Le quitamos el sitio a Almagro que se partió el pecho en la rara y hostil primera ronda que nadie quería, o confiamos en los mismos y con ello perdemos muchas opciones?

 

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